martes, 23 de enero de 2018

Zabalza y el chiquitaje agrario




Hoy es la concentración de productores, El Tambero Zabalza nos recibe en Santa Catalina y opina:












"La Armonía" : A un año del tsunami




COMUNICADO DE PRENSA

Precisamente a mediados de enero del pasado año 2017, en este paraje cercano a Sauce (Ruta 33) a un conjunto de productores familiares en su mayoría horticultores, como suele decirse: ¡”se les vino la noche”!.

Amanecieron con sus invernàculos achicharrados por agrotóxicos, sus producciones inutilizadas y como más tarde pudo comprobarse por medio de análisis oficiales, contaminados hasta sus pozos de agua.

Este lamentable episodio fue difundido por toda la prensa (tanto local como nacional) y las autoridades municipales asumieron la responsabilidad de mitigar económicamente los efectos de este desastre.

Entre los productores damnificados 7 fueron los que inicialmente contaron con respaldo pero sin duda alguna el número de afectados que trabajan y viven en la zona, ha sido y es mucho más grande.

A la fecha, transcurridos ya más de 365 días, podemos afirmar que no solo nada ha cambiado, si no que la situación se ha agravado aún más.
La empresa Argentina que trabaja en la zona, plantando soja y maíz transgénico continúa fumigando y contaminando; está claro que cada vez son mayores las dificultades para producir sanamente y cada vez son mayores los riesgos para la salud humana y el medio ambiente.


Por eso estamos invitándolos, a una CONFERENCIA DE PRENSA que se realizará el próximo

VIERNES 26 DE ENERO

A LAS 20 HORAS

EN EL CLUB LA ARMONÍA (RUTA 33 KM 43)

a los efectos de informar sobre la presente realidad.


Conscientes del preponderante papel que juega la prensa en la divulgación de las problemáticas sociales, los esperamos a todos con el mejor de los ánimos.
Fraternalmente CONVOCAN:

>>> PRODUCTORES AFECTADOS

>>> COMISION POR UN CANELONES LIBRE DE SOJA TRANSGENICA EN DEFENSA DEL AGUA

>>> APOYAN: SOCIEDAD FOMENTO RURAL CANELON CHICO


>>> Tierra Libre con productor contaminado con agrotóxicos en Canelones




Con Luis Córdoba y El Muerto




lunes, 22 de enero de 2018

¿Y dónde está la renta?

Los terratenientes agrarios en el Uruguay contemporáneo (1)




7 Noviembre 2016


| Por: Gabriel Oyhantçabal*


Imagen: Fernando Rosas

Durante los últimos 15 años Uruguay transitó un intenso proceso de crecimiento económico ligado a un contexto internacional de altos precios de los “commodities” y al flujo de capital extranjero que recibió el país. La acumulación de capital, que se expresó en altas tasas de inversión en comparación con la media histórica, se produjo en varios sectores de la economía, con especial protagonismo del sector agropecuario.


El cultivo de soja pasó de ocupar 10.000 hectáreas a cerca de 1,33 millones de hectáreas en una década (casi 10% del territorio productivo), al tiempo que continuó la expansión del área forestada con eucaliptus y pinos iniciada en los 90s. Además de estos rubros “no tradicionales”, continuó la expansión de la producción lechera y ganadera que, a pesar de perder superficie a favor de la soja y la forestación, elevaron sus índices de productividad por hectárea y por trabajador gracias a la incorporación de tecnología(2).


En todos estos casos, el dinamismo fue producto de la elevación en las tasas de ganancia sectorial posibilitadas por los altos precios de las mercancías agrarias. Las determinaciones detrás del alza de precios son varias, aunque hay dos fundamentales: (i) la fase expansiva de acumulación de capital en China y parte del sudeste asiático hacia donde se relocalizó buena parte de la industria manufacturera global, y que requirió y requiere flujos crecientes de fuerza de trabajo (más o menos calificada) que se urbaniza e incorpora a su dieta proteínas de origen animal; y (ii) una fase particular de la crisis de rentabilidad del capital a nivel global que implicó la migración de formas del capital ficticio (simplificando, títulos que permiten apropiar plusvalía futura) hacia el mercado de las “commodities” luego de la crisis de las “Puntocom” en 2001.

Empalmaron así dos tendencias globales que provocaron profundas transformaciones a nivel global, en particular en aquellos países que se insertan en el mercado mundial como proveedores de materias primas y alimentos producidas en base a medios de producción finitos, heterogéneos y monopolizables. Estos países experimentaron procesos virtuosos de crecimiento económico que como tendencia redujeron los niveles de desocupación y elevaron los ingresos de la clase trabajadora por incrementos salariales, expansión del salario indirecto (gasto público) y transferencias monetarias.

Una de las “fuentes” fundamentales que posibilitó esta peculiar fase de acumulación en la periferia del capitalismo fue la renta del suelo. La renta del suelo, como desarrollara Marx(3), es una porción del plusvalor socialmente producido que apropian los dueños del suelo. Cuando la tierra se incorpora a la valorización del valor se vuelve mercancía (porque se compra y se vende a un precio en el mercado) pero no capital, ya que, con excepción de las mejoras, no es producto del trabajo humano (no tiene valor). Sin embargo, como la reproducción social requiere valores de uso que solo se obtienen explotando medios de producción naturales, la sociedad paga una renta a sus propietarios, la que se convierte en una fuente de ganancia extraordinaria que puede ser disputada sin afectar la tasa de ganancia media.

Bajando en el nivel de abstracción del análisis, el investigador argentino Juan Iñigo Carrera(4) identifica dos grandes destinos de la renta del suelo. El primero y más conocido es la renta que llega a los propietarios del suelo: los terratenientes. Estos pueden ser al mismo tiempo capitalistas (en cuyo caso apropian renta y ganancia) o simplemente arrendar sus tierras a un empresario que organiza la producción. El segundo destino, en general menos aparente, surge de la intervención del Estado en el proceso económico provocando que la renta no llegue a manos de los capitalistas agrarios (y por ende de los terratenientes), y se desvíe hacia otras fracciones del capital o hacia el propio Estado. La forma más conocida de apropiar renta de esta forma son las detracciones o retenciones a las exportaciones de mercancías que portan renta(5). Sin embargo existe un mecanismo más invisible, y por ende más efectivo, que es la sobrevaluación del tipo de cambio a partir del cual el sector exportador pierde parte del valor que apropiaría en tanto recibe “menos pesos” por cada dólar exportado, al tiempo que esa fracción de renta es apropiada por aquellos capitales que pasan a importar mercancías más baratas (precisan “menos pesos” para comprar igual cantidad de dólares). Estas mercancías pueden ser tecnología e insumos con destino industrial, o productos terminados en cuyo caso la renta abarata el costo de reproducción de la fuerza de trabajo (para un desarrollo más exhaustivo de la cuestión ver el artículo de Alonso y Barbeito en este número).


La renta del suelo en el Uruguay contemporáneo

En el caso de Uruguay se cuenta con buena información sobre la renta apropiada por los terratenientes gracias a los informes del mercado de tierras de la Dirección de Estadística Agropecuaria (DIEA-MGAP). No es el caso de la renta apropiada por otros actores cuyo análisis requerirá investigaciones particulares. En lo que sigue se abordará exclusivamente la renta apropiada por los dueños del suelo en el Uruguay de los últimos 15 años.

Según nuestras estimaciones(1) entre el 2000 y el 2015 la renta total apropiada por los dueños del suelo acumuló la friolera de 15.762 millones de dólares. Esta cifra representa 3% del producto bruto interno (PBI) acumulado en dicho período y 10% del plusvalor total. En otros términos, de cada diez dólares que apropiaron los dueños del capital en Uruguay entre el 2000 y el 2015, un dólar fue apropiado por los dueños del suelo agrario. Asimismo, su participación creció tanto en términos absolutos como en términos relativos, en la medida que si en el año 2000 los terratenientes apropiaban 5,9% del plusvalor, en el año 2014 llegaron a apropiar el 12,2%. ¿Quiénes apropiaron esta masa de ganancias?

Por lo pronto, el análisis concreto arroja que la figura del terrateniente no solo expresa la conocida imagen del gran latifundista agropecuario. Por el contrario, se puede distinguir entre: (i) los que solo son dueños del suelo (terratenientes en sentido estricto), (ii) los capitalistas agrarios que al mismo tiempo son propietarios, (iii) los productores mercantiles (que utilizan fuerza de trabajo propia y familiar) que son propietarios del suelo, y (iv) el Estado que apropia renta a través de la propiedad directa del suelo vía Instituto Nacional de Colonización (INC) y de políticas tributarias.

Así, con información de los censos agropecuarios, del INC y de la DGI se puede reconstruir de forma aproximada como es la participación de estos sujetos en la distribución de esta renta. Con información agregada para el período 2000-2015 (Cuadro 1) se obtiene que el 37,5% de la renta fue apropiada por los terratenientes “puros”, el 47,4% por los capitalistas, el 7,9% por los productores mercantiles y finalmente el 7,2% por el Estado.

Cuadro 1. Distribución renta del suelo terratenientes por sujeto, datos agregados 2000-2015 en miles de dólares y en porcentaje, y porcentaje en relación al plusvalor (PV) total





Son varias las conclusiones preliminares que se pueden extraer. En primer lugar existe un sujeto social que no participa del proceso de producción y que en el período analizado apropió 5.903 millones de dólares, el 37,5% de la renta total. Esta cifra representa el 3,7% del plusvalor total que apropió el capital en Uruguay entre 2000 y 2015 y que, cifras más cifras menos, permitiría construir unas tres plantas de celulosa. A quiénes y a dónde fue a parar esa cuantía de riqueza no lo sabemos, en tanto la información sobre los propietarios del suelo es muy precaria. Tampoco sabemos cuántas personas/familias integran esta clase, aunque un estudio detallado del Catastro Nacional y de los contribuyentes de los impuestos a la propiedad (Contribución Inmobiliaria, Impuestos de Primaria y al Patrimonio Rural) podría empezar a arrojar un poco de luz sobre el asunto.

En cuanto al destino de esa renta, se puede hipotetizar que en tanto es un sujeto que opta por no participar del proceso de producción de mercancías agrarias, seguramente una parte de la renta la destine al consumo y otra a inversiones poco riesgosas, como inversiones en el sector inmobiliario y colocaciones financieras en plaza y en el exterior. Sin embargo, no hay que descartar inversiones en el propio sector agropecuario, así como aquellos casos donde se invierte en tierra para valorizar capital a través de la renta(6). Por ejemplo, parte de las 2 millones de hectáreas en manos de uruguayos en Paraguay pueden haber sido financiadas con "renta local".

En segundo lugar, aparecen los capitalistas agrarios que apropiaron bajo la forma de renta 7.472 millones de dólares, equivalentes al 47,4% de la renta total y al 4,7% del plusvalor total de la economía entre 2000 y 2015. En términos abstractos, y bajo el supuesto de que todos los capitalistas obtienen al menos la ganancia media, la renta estaría remunerando exclusivamente su condición de propietarios del suelo, por lo cual el destino de la misma podría seguir cursos similares al de los terratenientes puros.

No obstante es necesario introducir algunas salvedades. En primer lugar, el hecho de que la compra de tierras sea en algunos casos una condición relevante para inversiones de largo plazo (por ejemplo en la forestación), hace que la renta permita recuperar la inversión inicial dado que el precio de compraventa no es más que un flujo de renta capitalizado según la tasa de interés vigente. En segundo lugar, el supuesto de que todos los capitalistas obtienen la ganancia media no es tal, en la medida que el proceso de competencia lleva a la conformación de múltiples tasas de ganancia, por lo que es esperable que tiendan a existir capitalistas que compensen su ineficiencia con la renta. De todas formas, la tendencia probable es que estos capitales menos productivos terminen optando por arrendar y/o vender sus campos para apropiar así íntegramente la renta del suelo. Seguramente sea el caso de parte de los 3.638 establecimientos de tipo “no-familiar” que desaparecieron entre 2000 y 2011(7).

La información que se tiene sobre los capitalistas dueños del suelo es algo mejor en comparación con los terratenientes puros, en tanto los establecimientos agropecuarios son censados cada diez años. En términos cuantitativos, esta clase está conformada por la fracción propietaria de los 15.777 establecimientos “no-familiares” identificados por Tommasino et al. (2014) en base al censo de 2011(7). Si para el total de establecimientos agropecuarios del Uruguay aproximadamente el 70% son total o parcialmente propietarios del suelo, con este ratio se podría suponer que los capitalistas agrarios propietarios rondaban en 2011 los 11.270. Es más, si se pone el foco en los 8.014 establecimientos (propietarios o arrendatarios) de más de 500 hectáreas que según el Censo de 2011 controlaban el 78% de la superficie productiva nacional, con el mismo supuesto se obtiene que unos 5.610 establecimientos podrían estar embolsando en el entorno del 80% de la renta que apropia este grupo.

El tercer sujeto que aparece en el análisis son los productores mercantiles directos. Se trata de una clase peculiar(8), de difícil delimitación para las ciencias sociales, en tanto contiene elementos del asalariado al explotar su fuerza de trabajo familiar, elementos del capitalista al ser propietario de medios de producción, y elementos del terrateniente cuando es propietario del suelo. En ese caso se condensan en una misma figura tres relaciones sociales diferentes. A los efectos de este artículo, interesa destacar que los productores mercantiles propietarios apropiaron bajo la forma de renta 1.247 millones de dólares, equivalentes al 7,9% de la renta total y al 0,8% del plusvalor acumulado en el período 2000-2015.

A diferencia de los anteriores, en este sujeto la renta difícilmente tenga otro destino que no sea el consumo productivo y/o reproductivo en la propia explotación, ya que los ingresos de la producción mercantil en general cubren la reproducción de la fuerza de trabajo y la reanudación del ciclo productivo. En base al procesamiento de la Encuesta Continua de Hogares(9), nuestras estimaciones muestran que, de 2006 a 2015, mientras los productores mercantiles propietarios incrementaron el poder de compra de sus ingresos un 9,6% con un nivel absoluto similar al de los asalariados al final del período, los cuenta propia arrendatarios (que no apropian renta) perdieron un 16,3% de poder de compra a lo largo del período y para 2015 su ingreso era 40% inferior al de los propietarios.

En términos cuantitativos, las estimaciones de Tommasino et al. (2014) con datos del censo 2011(7) arrojan que los establecimientos de tipo familiar eran 25.580, con 100 hectáreas de tierra promedio y solo la mitad en propiedad. De este total, unos 17.500 serían propietarios tomando como ratio el promedio de 70% antes utilizado.

Por último, está la renta que apropia el Estado como terrateniente directo y a través de su política tributaria. En total el Estado apropió 1.139 millones de dólares entre 2000 y 2015, equivalente al 7,2% de la renta total y al 0,7% del plusvalor de la economía. Lo peculiar es que su participación en la renta total sufre importantes oscilaciones en el período. Comienza arriba del 10%, cae a 5% en 2009 y se vuelve a recuperar hasta llegar al 8,6% de la renta total en 2015. Estas oscilaciones expresan las modificaciones tributarias del período, que pasaron de una etapa de “alivio fiscal” en el contexto de crisis 1999-2002, a una etapa de incremento de la presión fiscal de 2007 en adelante que incluyó nuevos impuestos que buscaron apropiar el incremento en la masa de renta. En concreto, el Impuesto al Patrimonio Rural (2013), la eliminación de la exoneración del Impuesto a la Enseñanza Primaria (2015) y del descuento del 18% en la Contribución Inmobiliaria Rural (desde 2016).

De la renta total apropiada, el 89% correspondió a tributos y el restante 11% a las rentas cobradas por el Instituto Nacional de Colonización. Es importante destacar que en tanto el INC cobra precios de arrendamiento por debajo de la renta de mercado, así como tiene un grupo no despreciable de morosos (que se fue regularizando desde 2005), deja de apropiar una masa de renta que puede ser capturada por los colonos (en general productores mercantiles). Comparando la renta potencial (precios de mercado) con la renta efectivamente apropiada (obtenida de los balances contables), se obtiene que el INC dejó de apropiar el 59% de la renta total (179 millones de dólares) en el período, parte de la cual llegó a manos de los colonos.


A modo de cierre

Como quedó en evidencia a lo largo del artículo, existen importantes lagunas de información con respecto al destino de la renta y sus propietarios en Uruguay. Las recientes investigaciones académicas sobre la distribución de la riqueza en el Uruguay parecen empezar a cubrir parte de estos baches, aunque se sigue sabiendo poco sobre el “poder económico”. Tampoco se sabe mucho sobre la distribución a la interna de los terratenientes y los capitalistas, aunque es de esperar un alto nivel de concentración dado el alto grado de centralización de la tierra. En particular, se sabe casi nada sobre ese grupo de propietarios del suelo que apropian cerca del 40% de la renta que llega los terratenientes sin siquiera participar del proceso productivo.

Las estimaciones presentadas dan cuenta tanto del flujo creciente de plusvalor apropiado por los dueños del suelo agrario en los últimos 15 años, como del escaso peso relativo de la renta capturada por el Estado (menos del 10%). Esto sin considerar la renta que no llega a los terratenientes por acción del Estado, en especial por la sobrevaluación del tipo de cambio.

En definitiva, es necesario seguir avanzando en el conocimiento concreto del movimiento del capital en nuestra economía y de las formas principales de apropiación del valor, de forma de visualizar y evidenciar el problema del uso y la distribución de la riqueza socialmente producida.

Notas

(1) Los datos que se presentan en este artículo se basan en el trabajo “Renta del suelo, ingreso laboral y ganancias en el agro en Uruguay 2000 – 2015” de Gabriel Oyhantçabal y Martín Sanguinetti. Las estimaciones de la plusvalía total son del autor.

(2) Ver por ejemplo “El crecimiento de la productividad agropecuaria 1980-2010” de Berbejillo, Mila y Bertamini en el Anuario OPYPA 2011.

(3) Para un desarrollo exhaustivo de la cuestión de la renta ver sección 6ª del Libro III “El Capital” de Karl Marx (edición Siglo XXI).

(4) Ver “La formación económica de la sociedad Argentina. Vol 1”, Juan Iñigo Carrera (2007), ediciones Imago Mundi.

(5) En Uruguay se implementaron detracciones con la Ley de Reforma Cambiaria y Monetaria de 1959 que eliminó el tipo de cambio diferencial (que también permitía apropiar renta). En la actualidad la Ley 17.780 (mayo de 2004) prohíbe cobrar detracciones con excepción de los cueros sin procesar (cueros crudos, salados, piquelados y wet-blue) a los que se les aplica una tasa de 5%. No es el caso de Argentina, que luego de la megadevaluación de 2002 (de más de 300%) introdujo este mecanismo impositivo para apropiar renta.

(6) Es el caso de la emisión en marzo de 2013 del Fideicomiso Financiero Fondo de Tierras Uruguay (FFFTU), orientado a la captación de inversiones para la compra de tierras para su posterior arrendamiento, administrado por la firma Farm and Forestry Management Services. A diciembre de 2014 según consta en su informe contable el fondo contaba con 52 millones de dólares invertidos en siete establecimientos que, a un promedio estimado de 4000 dólares la hectárea, equivalen a unas 13.000 hectáreas productivas, al tiempo que en un sólo año sus propiedades se valorizaron en 586.000 dólares y los ingresos por concepto de arrendamientos fueron en 2014 de 920.391 dólares.

(7) Ver “Tipología de productores agropecuarios: caracterización a partir del Censo Agropecuario 2011” de Tommasino, Cortelezzi, Mondelli, Berbejillo y Silva Carrazzona en el Anuario OPYPA 2014.

(8) Si en la literatura de la cuestión agraria clásica del marxismo esta clase era el campesinado, en la actualidad en territorios de capitalismo consolidado se los suele conceptuar como “agricultores familiares” (América del Sur) o “family farmers” (Estados Unidos).

(9) Para el procesamiento de la Encuesta Continua de Hogres se asumió que la categoría “cuenta propia con local” da cuenta de la producción mercantil agropecuaria.


* Docente de la Universidad de la República. Integrante del comité editorial de Hemisferio Izquierdo.











Los Bordaberry

juegan de locales en Durazno



>>> Las cámaras empresariales se están sumando al reclamo iniciado por un grupo de modestos productores rurales

La vieja familia oligárquica y golpista es protagonista en la organización del encuentro de los rurales el próximo 23 de enero en Durazno, también participaran políticos de diversos sectores.

Sebastián Artigas
Domingo 21 de enero

Durante la semana se organizó en Durazno una reunión de ruralistas para organizar el encuentro del 23 de enero. Se decidió que en vez de que sea una asamblea sea un acto masivo con tres oradores, también habrá una proclama única que concentre los puntos centrales que acordaron entre ellos. Dicha proclama será entregada al presidente Tabaré Vázquez unos días después el viernes 26 de enero, en la sede de la Presidencia de la República. Se formará una mesa en febrero para la coordinación de acciones futuras, aunque ya se decidió que entre el 31 de enero y el primero de febrero habrá una vigilia al costado de la ruta.
Entre los reclamos discutidos para incorporar a la proclama están refinanciar deudas, dólar a 36 pesos, gasoil a 26 pesos, rebajas en contribución rural y otros tributos, recorte de planes sociales, sobre todo a los dedicados a menores de 35 años y exoneraciones de aportes para colonos y pequeños productores.
Las principales gremiales de la patronal rural ya anunciaron su participación en este acto y están llamando a asistir al mismo, además de otras gremiales empresariales.
Los Bordaberry
La rancia familia oligárquica, que durante el siglo veinte fue protagonista de los golpes de Estado de Gabriel Terra en 1933 y el de Juan María Bordaberry en 1973. Juega de local en el Departamento de Durazno y en esta ocasión han mostrado que siguen “participando”, al aparecer como protagonistas en este encuentro preparatorio en Durazno para el acto del día 23 de enero.
Esta vez el encargado de aparecer en escena fue Santiago Bordaberry, hijo del dictador Juan María Bordaberry y hermano del senador colorado Pedro Bordaberry, donde en la mencionada reunión dijo “El 23 esta nueva institucionalidad le gritará al Presidente de la República que no va más”.
Es así como estos fieles representantes de la oligarquía terrateniente criolla siguen gritando presente, operan y ponen en práctica sus intereses reaccionarios.
Adhesiones de políticos
De las primeras adhesiones hacia el movimiento rural denominado “autoconvocados”, fueron las provenientes de los dos partidos derechistas, el Partido Nacional y el Partido Colorado. Por el lado del Partido Nacional los principales dirigentes han pronunciado personalmente su respaldo como por ejemplo Jorge Larrañaga que también asistirá al acto del día 23 de enero junto a otras “figuras” de su fracción dentro del partido y Luis Lacalle Pou que además le exigió al gobierno que “respete” los reclamos del sector rural.
Se ha sumando el respaldo del sector de centro izquierda por fuera del Frente Amplio llamado Unidad Popular, que además tendrá como participante en el acto del 23 de enero en Durazno a su legislador Eduardo Rubio.



A estos sectores y “personalidades” se sumó también el Intendente frenteamplista de Canelones Yamandú Orsi que manifestó “Muchos productores de Canelones la están pasando mal. Quizás esta cosecha de pera y manzana sea de las peores. El campo es alma y motor de mi departamento. Por supuesto que seguimos apoyando a los productores para encontrar soluciones.”




Es la lucha de clases
Por todo esto, frente al encuentro del próximo 23 de enero en Durazno es necesario tener una postura clara. Es un error ir detrás de los medianos y grandes productores, oligarcas y terratenientes como los Bordaberry, a los que se suman gremiales patronales de la ciudad y el campo y también políticos reaccionarios. Ellos se han beneficiado durante toda la historia del país a costa de los trabajadores y sectores más empobrecidos y ahora quieren imponer un programa derechista y ajustador contra la clase trabajadora.
Los pequeños productores, colonos y asalariados rurales deben luchar de forma independiente y buscar a sus aliados en los trabajadores urbanos y levantar una plataforma en común de lucha para enfrentar a los capitalistas nacionales y extranjeros, y sus representantes políticos del gobierno y de la derecha.

>>> El "chiquitaje" terminaron entregados una vez




>>> Dos veces, no!


Alvaro Jaume en Tierra Libre con Luis Córdoba y El Muerto













sábado, 20 de enero de 2018

Por la tierra



Gabriel -Saracho- Carbajales, Montevideo, 20 de enero de 2018.-


Sin ánimos de catequizar, pero con los pies y el alma en la tierra, NUESTRA TIERRA...

Posiblemente hoy es mayoría la gente que no puede ni imaginarse la fuerte incidencia subjetiva que tuvo en el movimiento popular uruguayo, en el correr de los ´60, la situación de los cañeros de Bella Unión sindicalizados en la ya histórica UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), fundada hace casi 60 años.

“PELUDOS ATREVIDOS!!! YO LES VOY A DAR SOCIALISMO DE LA TIERRA!!!”

Aquella inesperada y sostenida movilización cañera denunciando condiciones laborales casi que feudales y la demanda de medidas que frenaran el mal trato como si el "peludo" fuese un animal de carga, despertaron una enorme simpatía en el pueblo trabajador y contribuyeron a aumentar un ya gran espíritu de lucha entre el asalariado urbano organizado y el estudiantado más joven y pobre, que abrazaron la causa de los cañeros como propia (aunque no precisamente entre el grueso de los dirigentes sindicales y partidarios de aquellos tiempos, sino sobre todo entre buena parte de las bases trabajadoras más sensibles al problema).
Las marchas cañeras movieron el piso de una oligarquía proimperialista “pancha”, impune y ya súper enriquecida desde tiempos remotos, alarmada no tanto por las elementales reivindicaciones puntuales de los “peludos”, sino principalmente por las connotaciones ideológicas de su consigna central: “Tierra pa´l que la trabaja / Por la tierra y con Sendic” (éste, importante colaborador en la organización de UTAA, ya entonces declarado “delincuente”, y requerido).
A los “gauchos” de riñón cubierto y cintos con tachas de plata, sin 4 x 4 pero nadando hacía rato en la opulencia más vergonzosa, les quitaba sí el sueño la mera idea de que hubiese explotados semi analfabetos y en harapos proponiendo formas de vida socializantes que significaran prescindir del capital y del capitalista (y los oligarcas saben muy bien que la tierra, en sus manos, es eso: capital, herramienta física de la opresión brutal de la explotación convertida en ganancia inescrupulosa en perjuicio de la inmensa mayoría de la sociedad).

VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL APAGÓN FASCISTA, BOÑATOS QUE QUEMAN

La década cañera, que así puede llamársele a ese tenso y fecundo período de nuestra historia, sucumbió como sucumbiò todo el movimiento popular: el golpe fascista propiciado y planificado por esa preocupada oligarquía “criolla”, barrió a mansalva con todo tipo de organización popular, torturando y encarcelando a miles y miles de luchadores sociales, incluidos unos cuantos “peludos”, la mayoría de los cuales recién pudo reintegrarse a su medio natural una docena de años después, reencontrándose con su querida UTAA todavía pujante y solidaria, aunque, lógicamente, sin el empuje dinamizador de otros tiempos.
Veinte años más debieron pasar hasta que se volviera a hablar de la situación de los “peludos”, que, básicamente, seguía siendo la misma que la de los `60 al menos desde el punto de vista económico, de la precariedad laboral y de un sustento zafral que dependía del corte y la quema de caña para beneficio de los grandes propietarios de la tierra comprometidos en el “agronegocio”  y otros curros del “neoliberalismo”.
El 15 de enero del 2016, otra vez en Bella Unión, unas cuarenta familias cañeras ocuparon un predio de Colonización (Colonia España) que no era utilizado como correspondía según la función social de las tierras estatales administradas y suministradas por el INC, demandando que el predio les fuera asignado a ellas no solamente para la explotación de la caña, sino también para vivir y para producir otros alimentos complementarios. La acción directa reivindicativa había sido concretada no solamente por “peludos” asalariados afiliados a UTAA, sino también por familias no asalariadas asentadas en pequeños predios, endeudadas y sin perspectivas de sobrevivencia elementalmente decorosa.

Aquel inicio de año que volvía a llamarnos la atención no solamente respecto a la situación de los cañeros del norte, sino también de una gran multitud de asalariados rurales de todo el país y de pequeños productores familiares, era también el segundo año del gobierno “progresista” a nivel nacional, y, por supuesto, enseguida pudimos escuchar la pregunta de “¿por qué recién ahora y no con los gobiernos blanquicolorados?” que se hacían unos cuantos de los que habían sido especialmente en los ´60 fervientes defensores de la causa cañera y la consigna “Tierra pa´l que la trabaja”.
Mujica, con sus salidas dicharacheras y desafiantes, fue entonces el principal cuestionador de la ocupación, y solamente reculó algo, públicamente, luego de quedar pegado con la afirmación de que los “peludos” no podrían cosechar siquiera unos boñatos en el predio tomado... Pocas horas después, los “peludos” difundían una serie de fotos de magníficos boñatos norteños plantados por ellos en Colonia España.
Pero, mientras mediáticamente el gobierno golpeaba nada sutilmente buscando adeptos entre los más humildes para estigmatizar a las “locas” familias ocupantes, los “cuadros progresistas” planificaban la salida “histórica” a la situación, con plena conciencia de que si se lograba romper el bloque unido de los demandantes, de nuevo el tema de la tenencia latifundista de la tierra, pasaría a muy segundo plano.

UNA SALIDA TRIUNFANTE, PERO ENSEGUIDA LOS PORFIADOS HECHOS

¿La salida cuál fue?... Parcelas selectivamente asignadas, arriendos y subarriendos, con el gancho de que lo producido sería adquirido por ALUR y que esta empresa adelantaría algunos dineros a cuenta de la futura producción.
El sencillo invento rompió el bloque de los ocupantes, descomprimió la olla de presión, pero no pasó mucho tiempo para que empezáramos a enterarnos de las quejas de los “favorecidos”, endeudados en cifras impagables, tan pobres y tan acuciados económicamente como antes, pero ya desmoralizados como para reencauzar la pelea colectiva por la senda histórica y clasista sintetizada en la consigna que seguirá quitándole el sueño a la burguesía chupasangre del campo y la ciudad y a los “operadores políticos” que reaccionan “propositivamente” cuando los burgueses ponen a los peones-pilotos a exhibir el rutilante vuelo de sus 4 x 4 del aire empujadas por el viento  apocalíptico de la consigna “rentabilidad o muerte”, antítesis categórica y reaccionaria de la consigna obrera, revolucionaria y esperanzadora de “Tierra pa´l que la trabaja”.

LA CARNE DE CAÑON TIENE LAS MANOS LLAGADAS, SIEMPRE, CHÉ

La realidad es porfiada y por más claro que tengamos que la burguesía en sus diversas expresiones ha sido siempre muy hábil en materia del uso y abuso de los mismos oprimidos por ella misma para conquistar cada vez más poder y privilegios (desde la “revolución francesa” al menos), nada cambiará de fondo mientras no asumamos e integremos adecuadamente a nuestra lucha el tema de la tierra no como “cuestión de la gente de campo” o como asunto romántico-telúrico, sino como lo que es: el tema esencial, el que define el presente y el futuro, el punto número uno de la lucha de clases, sin la más mínima duda.
Encarado como relleno de plataformas y discursos, inserto como adorno “para quedar bien con los paisanos”; relegado a no se sabe muy bien qué segundos planos de “jerarquización estratégica”, discriminado como “hijo ajeno”, estamos fritos. Seguirán haciendo punta los burgueses y sus auxiliares “de izquierda y de derecha” para los que lo importante es la ganancia y la renta y más nada.

Porque la tierra no debe ser solamente para quienes hoy la trabajan, sino para todas y todos los trabajadores que pueden trabajarla colectiva, solidaria y sanamente respetando a la naturaleza, el medio ambiente, y, sobre todo, la condición humana, en cada rincón del país, incluidas las zonas semi-rurales que hoy también existen únicamente para la especulación y el despilfarro, hasta en Montevideo, debiendo pagarse, sin embargo, casi 200 pesos por un kilo de duraznos de baja calidad.

NO SERÁN LOS BURGUESES, NO SERÁ LA OLIGARQUÍA LATIFUNDISTA, POR CIERTO QUE NO

No serán los burgueses, ni del campo ni de la ciudad, los que colaborarán en la comprensión del rol estratégico de la tierra y del carácter antipueblo del latifundio. Tampoco lo hará la gritería de barras bravas fotografiando 4 x 4 y súper avionetas, fustigando a los pequeños y medianos productores “por dejarse usar” por los “gauchos” de cintura plateada, cuando en realidad lo que pasa es que estos sectores no han sido tenidos debidamente en cuenta por quienes declaran tener objetivos clasistas “muy claros” (no sólo entre dirigentes sindicales pro-oficialistas, sino también entre mucha gente no oficialista que se acuerda de los cañeros cuando acampan junto al palacio legislativo), pero no hacen nada o hacen muy poco por potenciar y robustecer el antilatifundismo y ayudar a entrelazar los vínculos naturales entre explotados y oprimidos de donde sea, presa fácil, así como estamos, de demagogos y oportunistas del pelo que sea, en campaña electoral y sin ella.
“(...) SI LOS COMPAÑEROS QUIEREN INDIVIDUALMENTE SALIR ADELANTE, ESTÁN FRITOS (...)”

Para finalizar y no cansar más, parece saludable recordar una apreciación de alguien que también tuvo mucho que ver con la fundación y la pelea de UTAA de ayer y de hoy. Decía en un reportaje hace nueve años Nicolás “Colacho” Estévez, refiriéndose a “la salida progresista” del 2006 y sus coletazos posteriores:
  
“(...) Es fundamental la cooperación; si los compañeros quieren individualmente salir adelante, están fritos. El modelo no está orientado a proteger la propiedad chica o mediana, está para lo grande. El agronegocio es una aplanadora, y el modelo económico que se aplica en el país no está en función de la pequeña ni de la mediana propiedad (...)”.

(Y también parece saludable no olvidar una anécdota ocurrida en la previa de una marcha contra Aratirí y los megaproyectos en Treinta y Tres, hace unos pocos años: llegaron dos ómnibus repletos de gente procedente de varios puntos del sur del país, al mediodía. Se les esperaba con un almuerzo en el predio de una comisión de fomento local... El asado con cuero era una auténtica tentación, pero el alma de los visitantes se vino al piso cuando vieron a decenas de peones al rojo vivo, asando y asándose en nombre de los patrones... ¿Quiénes comieron el asado?. Nunca lo supimos).

Cada cual hará lo que entienda debe hacer el 23 de enero en Durazno o donde sea; ni empieza ni se termina nada ese día, y hasta es probable que la jornada “de protesta” se convierta en el festejo del “afloje completo” del gobierno, un gobierno que, como todos los gobiernos, debe estar imaginándose qué representaría una movilización nacional y sostenida contra su política económica y contra la burguesía tramposa, pero surgida bien de abajo. De ese abajo que no grita “rentabilidad o muerte” y que un día gritará, en coro magistral,  sin transas y sin aspiraciones burguesas o pequeño burguesas: 

¡¡¡TIERRA PA´L QUE LA TRABAJA!!! ¡¡¡TIERRA PARA TODOS!!! ¡¡¡MUERTE AL LATIFUNDIO!!!.












Andres Figari Neves

RENTABILIDAD O MUERTE”, (el conflicto del “agro”, algunas consideraciones).

1) Eso que se ha dado a llamar “el campo” o “el agro” no es un todo homogéneo del punto de vista económico o social. El universo de los “productores rurales” abarca desde el propietario de 20.000 hectáreas que vive en la Capital, hasta el que se “conchaba pa hacerse de un peso”. Es un mundo que lo integra el que arrienda miles de hectáreas para sembrar soja, como el que arrienda 10 para cultivar zapallos, pasando por el que tiene 300 vacas en un tambo modelo de su propiedad, como al que ordeña 5 vacas abajo de un galpón de lata y vende leche en el pueblo o pastorea sus vaquitas al costado del camino. Las producciones son tan variadas como las tradicionales carne, lana, leche, arroz y cereales hasta las novedosas, eucaliptus, arándanos, olivos.

2) Pero más allá de todas esas diferencias y de tantas otras que se podrían citar, ese “mundo” tiene algo en común que lo constituye en distinto: existe fuera de la ciudad y muy especialmente de “la Capital”. Quien vive en ese mundo, se vive como diferente y casi simultáneamente en contradicción con los “maturrangos” de la ciudad. Esta situación genera una “subjetividad” común que no se debería desconocer a la hora de entender el comportamiento colectivo de esa parte de la población más allá de las diferencias objetivas que puedan existir entre las situaciones económico-sociales y/o los intereses económicos del grupo. Aunque el hombre de la ciudad no logre comprenderlo, suele haber una mayor afinidad-simpatía entre los que viven en ese mundo, que entre los de igual jerarquía social de medios diferentes.

3) Es bastante obvio que existe un abismo entre la rentabilidad de un Bordaberry cabañero y criador de hereford y la de un chacarero de Canelones o entre los sojeros del litoral con los mini tamberos y que por lo tanto no todas responden a las mismas causas y por ende no todos sus reclamos son igualmente justos o atendibles. Pero más allá de todas esas diferencias y de lo más o menos justas (o sensatas) que resulten sus reivindicaciones, se debería de interpretar este incipiente movimiento como una señal de alarma de algo que no funciona ya sea porque no se hizo bien, ya sea porque no ha sido bien recibido por parte de los supuestos beneficiarios.

4) El actual modelo productivo basado en la exportación de comodities cuyos precios dependen del mercado mundial y que suponen cuantiosas inversiones para obtener una rentabilidad que resulte satisfactoria, no solo no está al alcance de la inmensa mayoría de los productores rurales, sino que supone el sistemático desplazamiento por encarecimiento de costos de los de menores recursos. Uno de los mayores costos y de los que menos se habla es el precio de la tierra. Ya sea para comprarla ya sea para obtenerla en arrendamiento, el precio de la tierra presiona los costos al alza y expulsa al que “con lo suyo” no puede pagarla. La paradoja del éxito del agro negocio es ese: cuanto mejor funciona, más se encarece la tierra y consecuentemente, más difícil resulta mantenerse en carrera. Cada paso que se gana en productividad (en pos de una mayor ganancia), es un paso que se retrocede en la rentabilidad relativa, (inversión vs ganancia neta) lo que a su vez exige más inversión y así sucesivamente. Profundizar el modelo del “agro negocio” sin provocar las consecuencias que lo son propias, es tan inútil como imposible. Lo curioso es que los “productores” no suelen ver el costo de la tierra como un factor sobre el que se debería protestar a diferencia de lo que ocurre con las tarifas públicas o los impuestos. Ya sea porque la posee en propiedad, ya sea porque los arrendamientos son “cosa del mercado” y no hay nadie al que reclamar, se asume como natural y si los números no cierran. la culpa es del gobierno. Que todos exijan menos impuestos y ninguno “tierra para trabajar” es indicativo de la clase cuya visión orienta el conflicto.
a.f.n 19/01/18



>>> Separando la paja del trigo
CARTA ABIERTA AL PUEBLO TRABAJADOR Y PRODUCTOR FAMILIAR
A LOS SIN TIERRA, A LOS COLONOS Y ASPIRANTES A COLONOS A LOS TRABAJADORES RURALES

El movimiento por la Tierra considera que su deber es aportar en la construcción de una gran alianza con todos aquellos sectores sociales y productivos que poseen los mismos problemas. La clase trabajadora organizada en el PIT-CNT, los asalariados rurales, la pequeña y mediana producción familiar, los colonos y aspirantes a colonos, los sin tierra, sin techo y sin trabajo, la pequeña y la mediana empresa industrial y comercial familiar, las cooperativas de trabajo, y todos los orientales honestos que viven del trabajo propio, como el caballo criado a campo, que no come pasto cortado, son para nosotros los que cargan sobre sus hombros la responsabilidad histórica de impulsar los cambios necesarios para que la patria sea de todos.
Dicho esto, nos sentimos con la obligación de dar nuestra opinión sobre el denominado movimiento de autoconvocados, porque para que salga un buen pan, hay que separar la paja del trigo, porque cuando hay intereses creados, “Igual que a los chicharrones, Escurra muy bien la grasa, Y si un pedazo se pasa, Sáquelo en la espumadera”, más ahora que anda mucho patrón con el rebenque levantado.
Primero. El movimiento denominado “de los autoconvocados” no ha presentado en ninguna instancia previa a la reunión del 23, propuestas que contemplen a los sectores sociales que consideramos como los menos beneficiados del país.
Segundo. En ese entrevero, se ha mezclado la paja con el trigo. No hay que dudar que aquí hay intereses políticos y económicos que, como tapaojeras, no miran para los lados. Los intereses de los grandes propietarios de la tierra, que no trabajan, pero que se enriquecen de la renta, están aliados con la gran agroindustria y la especulación. No tienen los mismos intereses de la producción familiar, ni de los colonos y mucho menos de los asalariados rurales, que han sido durante más de 100 años trabajadores sin derechos. Los grandes, los que se benefician de la producción de monocultivo, de la agroindustria y de la especulación, para ganar más dinero, necesitan acaparar y extender sus propiedades, desplazando a la familia rural de su modo de vida, de su cultura y su historia. Esta sangría de nuestra agricultura familiar sucedió de forma permanente en los últimos 50 años con el aval de todos los gobiernos de turno y la complicidad y el silencio de la clase dominante, principales beneficiados de este lamentable proceso. Situación que fue acompañada por planes educativos a todo nivel, que por décadas desalentaron la vida en la tierra como fuente de dignidad y ejemplo a seguir, y así han condenado a los gurises a abandonar a su familia y al campo.
Tercero. Con total impunidad, se ha dado riendas sueltas en las redes de comunicación de los denominados autoconvocados, para atacar con mensajes violentos las conquistas de derechos sociales realizada por trabajadores y por diferentes organizaciones hermanas, que han luchado por una vida digna. Reprobables mensajes que apuntan a dividir la sociedad entre los aceptados y los excluidos. Mensajes antidemocráticos que gruñen como bestias el odio contra la igualdad y los derechos. Nuestro proyecto incluye a todos, a los del campo y la ciudad, porque el ser

diferentes nos fortalece, nos complementa y nos libera de todos los intentos de dividirnos para hacernos débiles.
Por lo tanto:
1. NO APOYAMOS ESTA CONVOCATORIA POR SU TURBIO CONTENIDO POLÍTICO Y
OCULTOS INTERESES ECONÓMICOS.
2. Consideramos que la lucha principal de la producción familiar es a favor de la vida en la tierra con condiciones para todos los ciudadanos y contra la renta de los grandes propietarios de tierras y la agroindustria del monocultivo.
3. Sin embargo, dejamos constancia que apoyamos los 4 puntos reivindicados por la Mesa Nacional de Colonos que consideramos justos y representativos:
a. Punto 1: Suspender de manera inmediata y urgente todos los casos de desalojo para ser reestudiados por el INC en conjunto con la mesa Nacional de colonos.
b. Punto 2: Adecuación y rebaja de rentas a la situación actual. Congelamiento y refinanciación de deudas de todos los productores familiares.
c. Punto 3: Acceso a la tierra. Tierra y condiciones. Recursos financieros. Exoneración de renta el primer año de colonos. No al depósito de dos años de renta por adelantado como garantía.
d. Punto 4: No a la extranjerización de la tierra, siendo el INC el instrumento vital para que esto no suceda
POR UN MODELO PRODUCTIVO DE PAÍS CON PATRIA PARA TODOS MOVIMIENTO POR LA TIERRA, DESDE TODOS LOS RINCONES DEL URUGUAY
22 de enero del 2018